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Sello de calidad Medicina XXI

Las claves: alimentación equilibrada y ejercicio moderado
Cuida tus articulaciones

El increíble engranaje de nuestro aparato músculo-esquelético tiene en las articulaciones su punto más débil. Son fundamentales para la movilidad, pero el paso de los años hace que funcionen peor. Te damos las claves para que las mantengas lo más sanas posible.

Las articulaciones son unas de las más complejas obras de ingeniería de nuestro cuerpo. Son el punto de unión de los huesos, por donde éstos crecen y, sobre todo, las que permiten que el esqueleto no sea un armazón rígido, sino una estructura con movimiento. Debido a esa complejidad, también se convierten en el punto débil del esqueleto, vulnerables a lesiones como las torceduras o a patologías más complejas, como la artritis o la artrosis. Pero, más allá de las enfermedades que pueden padecer, con el paso del tiempo las articulaciones se desgastan y pueden provocar dolores o, simplemente, limitar nuestros movimientos. Si somos conscientes de su importancia, les prestaremos mucha más atención. Si conocemos su maravillosa complejidad y las mimamos un poco, lo agradeceremos a medida que pase el tiempo y veamos que no nos quedamos anquilosados.

Cada articulación está recubierta del cartílago articular, una membrana que las dota de elasticidad
Trabajar la flexibilidad
Encontramos articulaciones en el cuello, los hombros, los codos, las muñecas, la cadera, la rodilla y los tobillos, además de varias en cada uno de los dedos. Ninguna es igual a otra: cada una cuenta con su entramado de huesos, tendones y ligamentos, y permiten movimientos que van desde la rotación completa hasta la bisagra o el pivote, según las necesidades de cada parte del cuerpo. Cada articulación está recubierta de lo que se denomina cartílago articular, una membrana que las dota de elasticidad, pero que se va desgastando con el tiempo, haciendo que se contraiga y pierda flexibilidad. Es algo normal, relacionado con la edad, pero puede presentarse antes tanto en personas que practican mucho deporte como en aquellas que tienen sobrepeso y, por tanto, cargan sobre su cuerpo un peso mayor del aconsejable. Sea como sea, podemos mejorar nuestra amplitud de movimientos si cuidamos nuestras articulaciones.
Unos sencillos ejercicios pueden hacer que las tareas cotidianas no nos resulten engorrosas, además de mejorar dolores de espalda y musculares. Consisten en estirar cada una de las articulaciones lentamente, hasta que las sintamos en tensión, pero sin llegar nunca al dolor. Algunos ejemplos, muy similares a los estiramientos previos a la práctica del deporte son:

• Apoyados en una silla, flexionar la pierna hacia atrás y apretarla contra el glúteo.
• Rotar el tobillo.
• Mover la cabeza lateralmente a un lado y al otro, llegando a tocar los hombros con la oreja.
• Levantar los brazos alternativamente, hasta el máximo que podamos.

Haciendo estos y otros ejercicios un par de veces por semana, notaremos de forma progresiva cómo mejora la flexibilidad de nuestras articulaciones. Su práctica, además, puede convertirse en un ejercicio placentero y relajante. Por otra parte, una dieta equilibrada y un control de nuestro peso también son buenos aliados para mejorar la salud articular. Una dieta rica en azufre (presente en los alimentos con más proteínas, y también en hortalizas como la cebolla o los ajos) puede ayudarnos a fortalecer el colágeno que forma los huesos y cartílagos.

En caso de patologías
Puede que lleguemos tarde a cuidar de nuestras articulaciones y que el daño ya esté hecho y sea demasiado profundo, o bien que aparezca alguna patología. En ese caso, la mejor forma de combatirlo es pensando bien los movimientos que hacemos:

• Debemos ser conscientes en todo momento de nuestras posturas corporales y corregirlas en caso de que no sean las adecuadas.
• Hay que procurar no permanecer mucho tiempo en una misma posición.
• Es importante escuchar las señales que nos envía el organismo en forma de dolor y responder dejando de realizar la actividad que nos lo causa.
• Simplificar los movimientos cotidianos evitará la sobrecarga articular.
• Hay que intentar no cargar todo nuestro peso en una sola articulación.

Todas son medidas sencillas que apelan al sentido común, pero que exigen estar atentos a nuestro cuerpo.

Artritis y artrosis, dolor extremo
En muchas ocasiones se habla de artritis y artrosis como si fuesen la misma cosa. No lo son, ni mucho menos, pero tienen en común que afectan a las articulaciones, provocando dolores que pueden llegar a ser muy intensos.
La artritis es una inflamación de las articulaciones, acompañada de un dolor que se suele presentar cuando está en reposo. Puede aparecer en pacientes de todas las edades y es crónica. Algunas de sus formas son la artritis reumatoide, la osteoartritis o la conocida gota.
La artrosis, por su parte, es un proceso degenerativo que deteriora el cartílago. Se siente cuando está en movimiento y es más habitual en personas mayores de 40 años. Además, el crecimiento óseo hace que la articulación pierda movilidad. Se trata de una enfermedad mucho más frecuente que la artritis.
Desgraciadamente, pese a ser problemas distintos, eso no excluye que una persona pueda presentar ambos a la vez. De hecho, es bastante frecuente padecer ambos males.

 *(Artículo publicado el 29 de abril de 2009 en el suplemento Salud y vida de La Vanguardia)



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